
Hay personas que piensan mucho. Analizan, estudian, comparan, anticipan, buscan información, hacen listas, esperan el momento adecuado. Tener este talento es algo muy creativo y especial. Sin embargo, pensar, analizar, estudiar… no es hacer.
Según estudios neurocientíficos el pensamiento tiene la curiosa capacidad de hacernos sentir que estamos avanzando cuando, en realidad, seguimos exactamente en el mismo lugar. Pensar activa nuestro cerebro. Imaginar una posibilidad, construir escenarios, encontrar explicaciones… todo eso puede producir una sensación de movimiento. Pero el cerebro no siempre distingue entre haber recorrido mentalmente un camino y haber dado realmente el primer paso.
La gran trampa del cerebro es confundir actividad mental con acción.
En marketing lo sabemos bien. Una marca puede pasarse meses analizando al consumidor, estudiando el mercado, diseñando estrategias, revisando métricas y construyendo el producto perfecto. Pero el mercado no responde a lo que pensamos, sino que responde a los pasos que damos, a las acciones que hacemos.
Las ideas no cambian las conductas, pero las buenas ideas llevadas a la acción sí.
Y actuar significa exponerse, vivir con incertidumbre. Significa descubrir que quizá nuestras ideas estaban equivocadas. Actuar puede significa recibir un NO, equivocarnos, fallar, tener que modificar el rumbo para volver a intentarlo. Pensar nos permite mantener el control mientras que actuar nos obliga a perderlo. Quizá por eso pensamos tanto y actuamos poco.
Hay una gran diferencia entre saber qué quieres hacer algo y empezar a hacerlo. Entre querer llamar y coger el teléfono y llamar. Entre pensar en escribir y sentarte a escribir. Entre querer cambiar y hacer hoy algo diferente.
Quizá la verdadera inteligencia no consista únicamente en pensar mejor, sino en conseguir que nuestros pensamientos encuentren una salida hacia el mundo.
Porque una idea sin acción no deja de ser una idea. Una idea con acción se convierte en experiencia.
Y es la experiencia la que nos devuelve información, modifica nuestras creencias, genera aprendizaje y, poco a poco, transforma nuestra manera de mirar.
La solución quizá esté en la pregunta ¿Qué puedo y voy hacer hoy con lo que estoy pensando?
Pensar abre posibilidades pero solo la acción las convierte en realidad. ¡Hazlo!, ¡Actúa!
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